No me gusta... La soledad
martes, 5 de junio de 2012
Como dice Kelly Clarkson en su canción de What doesn't kill you makes you stronger – lo que no te mata te hace más fuerte (que por cierto, me recuerda siempre al Dragon Nest porque esa frase me la decía siempre el general Duglas, que es un personaje de ese juego), “doesn't mean I'm lonely when I'm alone”, es decir, que no significa que cuando esté sola, me sienta sola.
Son diferentes. En mayor o menos medida, todos necesitamos nuestro tiempo para dedicarnos a nosotros mismos. Todos necesitamos cubrir ese espacio íntimo con cierto grado de privacidad individual. Pero eso no quiere decir que al salir de nuestro círculo privado, no vaya a haber nadie fuera esperándonos.
Sin embargo, también se puede estar presencialmente solo, con la sensación (ya sea verdadera o falsa) de que al otro lado no hay nadie. Sentirse solo es muy diferente a estarlo, a no tener compañía en ese momento. Ambas se viven de diferente forma, puesto que si los demás van a estar al otro lado, el pequeño tiempo y espacio que tengas contigo mismo, sabes que va a ser temporal y limitado, y que al otro lado vas a tener apoyos a los que sujetarte cuando lo necesites, por tanto, no vas a sentir esa angustia de cuando no se tiene a nadie (generalmente no por gusto ni por intención propia) y te ves desamparado por no saber a donde agarrarte en caso de estar cayéndote, o de ya haberte caído y no poderte poner en pie por ti solo.
Personalmente considero haber rozado sensaciones similares a las de la soledad, aunque afortunadamente creo que nunca absolutas. Lo compararía con caerse en un pozo. No sientes estar con nadie, y tampoco lo ves al estar oscuro. Para llegar a los demás has de subir, pero no encuentras apoyos. Algunas de las reacciones posibles podrían ser la de ingeniártelas para trepar solo hasta arriba (arduo camino, para el que hace falta mucho esfuerzo y fuerza de voluntad) y una vez arriba buscar a los otros, la de pedir ayuda desde abajo (pero hay que gritar mucho para alguien que coincida que estaba pasando por arriba lo oyese, no vale con desistir al primer intento), o la de rendirse, y dar por sentado que no hay nada que hacer.
Obviamente esta última puede parecer la opción más fácil, pero como pasa con todo lo demás, no es la mejor. Es el mayor signo de desesperación. No ves la salida, no ves el camino, no ves si hay apoyos, y no crees que nadie vaya a querer esforzarse por intentar sacarte de ahí. Pero pensar que todo está perdido, no es una postura que te vaya a ayudar, y menos si tu intención es finalmente salir de ahí.
Muy extremistas tendrán que ser los pocos ejemplos que se den donde esto último ocurra, y aun así, seguirían siendo excepciones. La opción de salir reside en la voluntad que cada uno quiera echarle para lograrlo, porque para bien o para mal, humanos somos muchos, y la opción de aproximarnos a algunos de ellos está siempre presente (como seres sociales que somos sobre todo).
De nosotros dependerá que rompamos nuestras propias barreras si es que alguna vez las tuvimos para contar con los demás o para dejar que los demás cuenten con nosotros.
En lo que a mi respecta, mis resquicios de dificultades sociales aún me ponen trabas para limitarme mi visión de la situación. Muchas veces no sé identificar con claridad si ya me he vuelto a caer en el mismo pozo, si tiene apoyos, si hay gente todavía cerca con la que podría contar antes de que se alejase más... Más complicado es aún intentar ver la situación desde otra posición, con otro punto de vista al que habitualmente se tiene o desde fuera. Pero no por ello imposible. Y aunque a primera vista no sepa encauzar muy bien determinadas situaciones, sé que muy probablemente me haré con ellas con el paso del tiempo, y que hasta puede que llegue a un punto en que el no tenga por qué lidiar más con ellas ya ^_^ .
Publicado por
Kero Sickert
en
4:47
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