Poner a uno a parir
a las espaldas (y saberlo gracias a fuentes de información fiables)
y cuando están presencialmente con esa persona sonreírle y fingir
descaradamente que su presencia les agrada es ser hipócrita.
No hacer una mierda
ni por uno ni por los demás y pretender que el otro haga por esa
persona lo que quiere cuando quiere es ser hipócrita (además de
desconsiderado y algunas otras cosas).
Culpar a otros de lo
que uno no sabe hacer bien poniendo excusas de que hay otras cosas
que el otro hace peor o que él no falla tanto en otros ámbitos es
ser hipócrita.
Pretender ser lo que
uno no es para posicionarse por encima de otros y vivir en un falso
mundo para tener excusa (inválida por supuesto) para poder juzgar
al resto es ser hipócrita.
Lo
peor de la gente que sigue estos patrones es que son tan egoístas
que miran solo por sí mismos y son incapaces de mirar por los demás.
La mayoría son conscientes de lo que hacen, pero piensan que salen
ganando porque quedan por encima de los demás, que ganan admiración
de otros, o que solo ellos tienen derecho a juzgar (pero eso sí, que
a ellos no se les juzgue, digan lo que digan de ellos, estarán
equivocados). Son tozudos y caprichosos.
Cuando
estas actitudes recaen sobre mi, me provocan diversas sensaciones,
como daño, frustración, enfado, nerviosismo... Principalmente
decepción, de que esa persona se niegue a madurar, a salir de su
mundo interior, a no ver más allá de sus narices, y que no tenga el
más mínimo remordimiento en pisar a los que estamos debajo para
llegar más alto. No es tan fácil como proponerse no dejarse pisar,
porque gente con carencias afectivas, sociales, de madurez y
probablemente de inteligencia, tienen la frialdad suficiente de no
importarles la situación propia de cada uno y las consecuencias que
en ellos vayan a provocar, llegando a ser manipuladores, crueles,
despiadados, y una vez más, egoístas.
Ánimo
a los que os hayáis sentido alguna vez en esa situación, que os
hayáis sentido “debajo”, pisados, menospreciados. Humanos somos
todos iguales (al menos en cuanto a especie se refiere), por tanto,
nadie tiene más derechos sobre otro (o al menos no debería
tenerlos). Mi consejo es que sigáis buscando más allá a esas pocas
personas que aún siguen existiendo en esta sociedad competitiva que
realmente merecen la pena, que serán las que os respeten sin
intenciones destructivas.
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